Ocurre a menudo que cuando estás a punto de conseguir un nuevo empleo –te han llamado para una segunda entrevista, o estás entre los finalistas- la sensación de triunfo es tan grande que cuesta reparar en los detalles. Detalles como el horario, el sueldo, los beneficios, los pagos en especie, que tanta influencia tendrán en tu vida, quedan en esos momentos de euforia en meros esbozos, a menudo por miedo a causar una pobre impresión en el entrevistador.

Sin embargo, muchas veces las empresas esperan un cierto grado de negociación, e incluso les gusta encontrar a un candidato que tiene claro lo que quiere y se atreve a defenderlo, que no suplica por el trabajo sino que negocia de igual a igual las condiciones, lo que la empresa y el trabajador pueden darse uno a otro.
Está claro que no siempre es posible negociar. Hay que ser realista, y si necesitas el trabajo desesperadamente, ellos lo saben y hay varios centenares de candidatos al puesto está claro que tu margen de negociación es muy estrecho. En cambio, si dispones de un perfil difícil de encontrar y ya tienes otro trabajo es probable que puedas plantear con más soltura tus condiciones.

En cualquiera de los dos casos, negociar es algo que debe de hacerse cuando la lista de candidatos se haya reducido al máximo y tu candidatura sea ya firme… pero antes de firmar el contrato, claro. Aprovecha al máximo el margen de tiempo entre la oferta formal de la empresa y tu aceptación, porque ese es el hueco válido para negociar.
Si lo que quieres es un sueldo más elevado, empieza por recabar información sobre lo que se paga en el mercado por ese tipo de trabajo. Así ofrecerás un margen salarial realista a la empresa. Es mejor que la horquilla no sea demasiado amplia y que en la parte superior esté por encima de tus expectativas, ya que entra dentro de la negociación el no aceptar tus exigencias más elevadas.
Ten en cuenta que cualquier reivindicación salarial debe ir acompañada de una justificación, algo que explique por qué la empresa debe pagarte más de lo que te ha ofrecido en un primer momento. Para ello debes realizar un examen desapasionado de tu propia valía como profesional (recurre a la ayuda de amigos o compañeros de trabajo si te resulta más fácil) para tener argumentos con los que poder apuntalar tu petición. Haz una lista de tus valores añadidos, es la forma de que entiendan que contigo se llevan más de lo que esperaban y de que tienen que pagarte en consecuencia.
Si el salario no es negociable, no te rindas ni des la negociación por perdida. Intenta obtener una mejora de las condiciones: vacaciones, coche de empresa, horario flexible, incentivos y cheques guardería entrarían dentro de esa categoría. En cualquier caso y por inflexible que se muestre la empresa, compórtate de forma dialogante, ya que las amenazas y ultimátums pocas veces dan el resultado deseado. Y cuando el trato esté cerrado, asegúrate de que queda reflejado por escrito ya que, de otra forma, corres el riesgo de que lo prometido nunca llegue a cumplirse.

tus hijos pequeños.